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El rol que asignamos a los niños


Desafortunadamente, no bien un niño nace, a su alrededor las familias empiezan a tejer profecías y expectativas. El clásico cuento de “La bella durmiente” da cuenta de cómo las hadas asignan virtudes a la recién nacida y cómo una de ellas hace por envidia una maldición y con ello, que, da sellado el futuro de la princesa.
Si bien las profecías no tienen el poder de las hadas, las expectativas sí influyen en la programación personal. Comentarios como los hechos cuando Emilia nació ejemplifican esta tendencia. Una tía aseveró: “Tiene las mismas manos que la abuela Marta que tocaba maravillosamente el piano”. El efecto de este comentario no fue trivial y tuvo un fuerte valor de programación, para toda la familia. Cuando Emilia tuvo la edad, se le tomaron clases de piano. Si llega a ser una gran pianista, no va a ser sólo por las manos de su abuela Marta, sino porque le tomaron clases y celebraron todo.
De alguna manera, estos comentarios al pasar muestran un camino. El recién nacido recibe una herencia que, a veces, puede ser magnífica y, en otras ocasiones, constituye una pesada mochila cargada de significados negativos. Por ejemplo, decir “Este niño va a ser bien rabioso, me tinca que sacó el carácter del abuelo Pedro”.
Si bien la genética influye, es el ambiente -a través de las experiencias de vida y la manera como reaccionan los adultos significativos ante los comportamientos de los niños-, el que más explica la personalidad resultante.
Hay que ser cuidadoso con los papeles que se les asignan a los niños. Puede ser nocivo asignar arbitrariamente un rol negativo. Hay muchas personas inquietas que llevan una vida creativa. En la asignación de roles hay que cuidar de no estigmatizar a los niños a partir de pequeños datos que a veces son irrelevantes.
Los papeles que se asignan son, en definitiva, un juicio que los adultos les entregan a los niños acerca de sí mismos, y que terminan siendo parte de su identidad.
Hay que estar consciente de que estos juicios afectan positiva o negativamente la imagen que el niño se hace a sí mismo. En ocasiones, estos juicios, sin ser malos, pueden resultar muy limitantes para ellos y obligarlos a actuar en una dirección. Por ejemplo, si se le asigna a un hijo el papel del responsable de la familia puede que aun siendo una etiqueta positiva, llegue a constituir una pesada carga y el niño se sienta obligado a asumir más responsabilidades que las que le corresponden, no sólo en la infancia, sino que también en la vida adulta.
Los roles que se asignan deben respetar los derechos de los niños a diferenciarse y a elegir en el futuro sus propios caminos. Ellos y ellas tienen que sentir que hay una posibilidad de autodefinirse y que no todo el camino está trazado.

vía: Emol

Eduardo Bravo Lange
Coord. Comunidad Virtual
Depto. Filosofía y Psicología.
2011.

-

Psicología
Equipo de Edición


- [Fuente Original]

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