Lo cierto es que aunque nos parezca mentira, son muchas las personas que no pueden entrar, arrancar y ponerse a circular. Normalmente son personas que han sufrido un accidente de tráfico y han adquirido una fobia. Aunque factores como el estrés, la densa circulación y la percepción del riego, o sufrir un ataque de pánico mientras conducen, entre otros, ayudan a la formación de esta situación.
El nombre de esta fóbia: amaxofobia.
Nuevos tiempo nuevas fobias, hemos de adaptarnos a nuestro entorno y en nuestro entorno se producen cambios vertiginosos. Algunos, como la mayor automatización de los automóviles, pueden paradójicamente restar control al conductor y sentirse asà más inseguro, nervioso y en tensión.
Es importante valorar la intervención profesional cuando el miedo no nos deja vivir con normalidad. En el caso de la amaxofobia son muchos los que no pueden aceptar un trabajo por la necesidad de conducir o los que tienen que dejar el suyo (recuerdo que uno de mis primeros casos fue un taxista con fobia a conducir. Y no ha sido el único).
En este caso la medicación no es la alternativa pues atenúan nuestra percepción del medio y nuestra capacidad de conducción. Lo más adecuado será ponerse en manos de un psicólogo. El tratamiento de elección: la terapia de conducta.
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